Hace casi dos meses sucedieron dos cosas maravillosas. Ambas el mismo día.

La primera fue la visita de Katherine a Caracas. Y la segunda fue enterarme ese mismo día que mi hermana había dejado de fumar.

A los 16 años, cuando yo apenas contaba con 9 ella ya fumaba. A escondidas, solo sus amigos y yo lo sabíamos, y en realidad sentía que tenía un gran peso encima ocultando eso a mis padres.

Los años pasaron y el vicio siguió. Resulta algo cómico darse cuenta que 9 años antes de comenzar a fumar ella muy alegremente decía en una publicidad – “Tienes una carie chiquitiiita” -, una frase que marcó a muchos e incluso luego 17 años aún en la calle la reconocen.

De su amor por la química desde bachillerato decidió estudiar Farmacia. En 5 años se graduó, con muy buenas notas. Cerca del 5 semestre mis padres se enteraron que fumaba, lo único que recuerdo es que mi mamá calmadamente le dijo – “Lo único que me entristece es que estudies una carrera de salud y ni siquiera te preocupes en cuidar la tuya…” -

Las cosas no cambiaron hasta hace dos meses, que por una promesa que hizo dejó de fumar. Y ahí está, ahora más que nunca me siento orgulloso de ella. Orgulloso de ver que para calmar sus ansias no necesitó nada más que su voluntad… Y ella está contenta de saber que no necesitó de ninguno de esos cursos para dejar de fumar o algo al parecido, por sus propios métodos lo logró.

En realidad, saber que un familiar está recuperando un poquito de su salud cada día me hace sonreír mucho.

Imagen: um cigarro á meia luz de .mands.