Hace dos años tuve el “honor” de poder ver la semifinal y final de la Copa del Mundo en Italia, aquella final memorable donde se presentó el problema entre Zidane y Materazzi y además Italia quedó campeona. Digo “honor” por el simple hecho de que la euforia esa noche en Siracusa – Sicilia era extrema. Una euforia que pronto me gustaría vivirla con La Vinotinto.

Miles de personas en carros, motos e incluso trenes paseaban a través de la ciudad celebrando la victoria de su nación. Fue algo distinto, algo muy lindo, el aire de emoción se respiraba por donde caminaras. En realidad es algo único y asombroso, exceptuando una cosa: no hay rivalidad.

Ganó Italia, la calle era una marea azul, todos celebraban a su estilo. Muchos lanzaban pasta, otros regalaban vino, otros preparaban pizza a leña en hornos colocados en avenidas. Como dije antes, es maravilloso, ver una celebración así es algo único, pero se sentía la necesidad de la rivalidad.

Si a algo estoy acostumbrado en mi país es que comparto con muchas culturas, sobre todo europeas. Cuento con amigos portugueses, italianos y españoles. No hay nada mejor que ver un partido de la Champion League de cualquier equipo italiano contra uno español y luego presumir de que Italia es mejor, o simplemente sentirse humillado porque tu equipo perdió. La rivalidad siempre existe, y es algo interesante que no en todas partes del mundo sucede. No es lo mismo que te guste un equipo y sentirse feliz de que haya ganado que llevar a un equipo por dentro dependiendo de tus raíces.

Ahora se viene un partido de Italia contra España, un partido que de seguro compartiré con amigos de orígenes españoles y que tanto a la colonia italiana como a la española asusta. Dos equipos fuertes que por una parte uno cuenta con cuatro estrellas en sus camisetas y una Eurocopa en el bolsillo. Por otra parte cuentan con una sola Eurocopa, y en realidad no es tanto las estadísticas de quien haya ganado más o no, sino simplemente respirar ese aire de rivalidad entre dos equipos, una rivalidad sana no con intenciones de buscar conflictos.

Este domingo de ganar Italia podré tener la oportunidad de celebrar, presumir y de cierta manera ‘humillar’, o simplemente bajaré mi cabeza, me quedaré callado y dejaré que presuman con la victoria del otro. Eso es lo interesante, llevar a tu equipo por dentro y compartir esa rivalidad que no solo está en el campo.

Como mencionaba al principio, una euforia similar me gustaría sentirla pronto con mi verdadera patria, Venezuela. A pesar de ser de orígenes italianos, por Venezuela celebro el doble.