A veces nos hacemos la idea de que el momento de partida nunca llegará, quizás simplemente no queremos pensar en ello y listo, pero lamentablemente llega y peor aún es cuando no estás preparado.

Desde hace casi dos meses mis primos de Italia estuvieron en casa. Llenaron de alegría (sin hablar de gritos y locuras) el hogar. Muchos juegos, muchas risas, muchos aprendizajes y entre tantas cosas nos divertimos y disfrutamos mucho. En junio cuando llegaron por supuesto la fecha de hoy la veía muy lejos, tanto así que la olvidé por completo y en ocasiones deseaba que nunca llegara, aquí en casa podían quedarse todo el tiempo que quisieran.

Ahora, “las cosas vuelven a la normalidad”, por decirlo de alguna manera. Pero la casa nuevamente está en silencio, todo está tranquilo. Ya no está el pequeño Salva de un añito dándole golpes a mi batería y riendo con los sonidos, Emily de seis años ya no me pide que le ponga una y otra vez el video de Barney, tampoco se burla de mi corte de cabello. Y Alfonso de 13 años ya no está por ahí comiendo galletas ni tomando malta por toda la casa, y mucho menos escuchando Wait and bleed de Slipknot a todo volumen.

A los tres los extrañaré mucho, ustedes pudieron apreciar en menos de dos meses mis momentos de locura, ternura e incluso mis regaños. A los tres los estaré esperando nuevamente.